dilluns, 6 de març de 2006

RENYS, O EGOMET MI IGNOSCO

És curiosa la tendència que tenen certs cervells ben moblats als quals totes els ponen (o quasi totes, la felicitat mai no és completa) a retreure, advertir i pontificar a la parròquia, tot alhora, sempre amb aquell doble séc entre les celles que ens fa patir tant (per ells). Li passava al president Pujol, li passa a José Mourinho i li passa a Arcadi Espada. Agustí Fancelli, excol·lega professional d'Espada, signa a El País d'avui la millor peça que he llegit d'entre tots els comentaris, cròniques i queixes publicats sobre la funció de dissabte al Tívoli, però obvia cap correlació retòrica amb l'expresident o visual amb el traductor i entrenador més ben pagat del món i destaca, en canvi, l'acostament vocal del líder de Ciudadanos de Cataluña/Ciutadans de Catalunya a Albert Boadella... Qui més s'apunta al joc de les semblances? En fi, de moment els deixo una estona amb el mestre Fancelli, a qui espero que no li sabrà greu la citació in extenso...

[...]
Pero este cronista no iba a la cosa del Tívoli sólo por espíritu flâneur, que también, sino para ver la actuación en vivo y en directo del ex cronista de los lunes de este diario, el bueno de Arcadi Espada, que ha optado por otros mundos profesionales y periodísticos. Líder nato, a él correspondió el parlamento de lujo de la mañana, el último. Estuvo brillante, sarcástico, inteligente, mordaz. Se metió de un bocado a la audiencia en el bolsillo. Imposta la voz como el mismo Boadella, se diría que ha mitineado toda su vida. Sigue un extracto de su bien trenzado discurso. Captatio benevolentiae, mirando al teatro lleno: "Nunca pensé que hubiera tantos pijos en Cataluña" (como se sabe, los Ciutadans / Ciudadanos han sido acusado de esnobismo) y "sólo en Cataluña puede descalificarse a alguien llamándole intelectual" (para rebatir la acusación de que el grupo que ahora empieza el proceso para convertirse en partido posee mucha cabeza y poca base). Chiste oportuno, con vocecilla aflautada para el caso: "Muchos me decían, citando al pensador franquista: 'haga como yo, no se meta en política". Perlas escogidas: "España es una trama de afectos donde no es posible distinguir el color de los hilos"; "el nacionalismo es una obediencia debida"; "el nacionalismo es indiscutible, en cuanto se le discute se deshace"; "el nacionalismo debe volver a la alcoba junto al crucifijo"; "¿Lerroux? ¿Lerroux? Hoy los chicos lo estudian en la escuela como adjetivo". Y así.

Si el nacionalismo siempre se ha caracterizado por reñir a quienes no comparten su ideario, el antinacionalismo (o "posnacionalismo", según la definición que los ciudadanos prefieren dar de sí mismos) parece seguir el mismo camino. El ex cronista de los lunes lleva mucho tiempo con el entrecejo fruncido, que ha identificado con el buen periodismo. Desde que publicó su libro
Contra Cataluña, en 1997, y más tarde en su blog ha venido aleccionando a muchos profesionales de esta casa por su tibieza frente al nacionalismo, la corrección política o simplemente el -a su juicio- recto proceder informativo, a falta de otros temas de que ocuparse. Ahora Arcadi Espada ha llegado a la política, el lugar donde podrá reñir a sus anchas, siguiendo honorables ejemplos.

Nosotros, los de entonces, sí somos los mismos. Como propugnaba Sol Gallego hace unos días, procuraremos seguir fieles al periodismo no de ataque, sino de preguntas insistentes, de defensa, que practica la octagenaria Helen Thomas en las ruedas de prensa de la Casa Blanca y que pone en apuros al mismísimo portavoz de Bush.

Al margen de ello, es un dato ilusionante que los antinacionalistas o posnacionalistas decidan formar un partido y medir sus fuerzas en las urnas. Por fin se podrá comprobar si ir contra todo, que es la sensación que dejaron el otro día los oradores, es suficiente para hacerse un hueco en el arco parlamentario o bien se impone llevar en el futuro programa alguna propuesta en positivo. El acto del Tívoli dejó tras de sí el rastro de una normalidad de la que no cabe más que congratularse. La formuló con toda sencillez Maite Nolla, la despierta y muy aplaudida representante de la agrupación de Lleida: "Conseguir que no ser nacionalista sea tan normal como serlo".


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